Es más fácil destruir que construir…

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#MostroVacci

Las palabras son poderosas. Quizá suene trillado, pero es una verdad fundamental. A veces las usamos como armas contra otras personas (quizá sin querer), pero el resultado puede ser catastrófico. En realidad no tenemos una idea clara del alcance o el peso que tienen nuestros comentarios. Definitivamente eso debería ser algo que culturalmente nos enseñamos los unos a los otros, pero por desgracia, es algo que tenemos que aprender por si mismos, construyendo o destruyendo en el camino…

En mi caso, he visto de primera mano lo lejos que puedo llegar. Trabajando con gente joven, descubrí que entré a sus vidas en una etapa tan fundamental que ayuda a forjar el tipo de adultos que van a ser. Y no porque me sienta la gran importancia, sino que a veces uno abre la boca y si no sabe cómo utilizar sus herramientas, puede dejar una ola de destrucción horrible que tomará muchos años en volver a formar. Pensándolo de esa forma, es una gran responsabilidad, y no solo como profesor, sino como ser humano en general.

También lo veo en el consultorio. Va gente con un extraño y le cuenta sus secretos más grandes. Desnudan su alma y mientras me muestran su lado más vulnerable, me piden ayuda. Para eso se requiere mucho valor, sí, pero también implica una gran confianza y, sobre todo, una gran responsabilidad para hacer buen uso de esas herramientas para ayudar a esos seres humanos a encontrar el camino que desean tomar. Es un gran poder el que ponen en mis manos y siempre trato de hacer el mejor trabajo para que ya no se sientan perdidos. Parte de mi fantasía es mejorar el mundo, una persona a la vez.

Lo que he notado en mis años de vida es que destruir es mucho más fácil que construir. El hacer una casa requiere tiempo, paciencia y sobre todo dinero y el destruirla es mucho más fácil. Un árbol tarda años en crecer y dar frutos, pero en una sola tarde lo podemos cortar. Para echar años de trabajo y sacrificio a la basura solo se requiere un momento, como cuando una bala entra en un corazón humano y hace que deje de latir, ¿cuántos años se perdieron ahí? Lo mismo pasa con las palabras. Muchas veces es más fácil hacer un comentario negativo que destruye el autoestima de otro cuando le ha costado tanto trabajo llegar a un punto donde se siente a gusto.

Como cuando uno cuida su peso. Uno está viviendo su fantasía, comiendo poco y sano y tratando de hacer ejercicio y nunca falta quien te viene a decir que te ves más “gordito”. Yo conozco a varias señoras imprudentes que llegan a agarrarme la panza y me dicen “¡qué bárbaro, qué gordo estás”, cosa que hace que odie a esa persona en ese momento. De hecho, una vez que una señora me agarró mis lonjas de la espalda y me dijo que ya me colgaban mucho, le agarré las nalgas y le dije lo mismo. Hasta la fecha no me habla. Sé que no fue lo más prudente, pero la verdad que se sintió de maravilla ver su cara de horror.

Una vez tuve una alumna de primaria que estaba muy pasada de peso. Un día, pasando a su lado, le agarré su cara y le dije “¡ay, qué hermosa estás!”, al siguiente día me comentó su mamá que llegó llorando a su casa diciendo que su profe le había dicho hermosa, que entonces sí era cierto que era hermosa como le decía su mamá cuando se sentía mal. En mi caso, solo fue un impulso, pero al parecer, mis palabras resonaron profundamente en ella. Afortunadamente fue de forma positiva.

En ese mismo salón tuve otro niño que no le echaba ganas a sus trabajos. Platicando con él descubrí que no era el favorito de sus papás, ya que no le prestaban gran atención. Según me dijo que le decían que era burro y que no iba a lograr gran cosa. Era un niño adorable, así que yo le dije que creía en él, pero que si él no lo hacía, no podría llegar muy lejos. A partir de entonces, ví su gran esfuerzo para mejorar en clase. Se portaba bien, trataba de poner atención y de entregar los trabajos. Al parecer, solo necesitaba un poco de motivación. Creo que aprendí más en ese grupo de cuarto de primaria que de todas las demás escuelas donde estuve.

Pero, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo apoyar a otras personas? ¿Acaso nos quita valor el creer en otros seres humanos, o es tan poco lo que creemos en nosotros mismos que simplemente no podemos hacerlo por los demás? Definitivamente no podemos dar lo que no tenemos, pero igual, las cosas son de adentro hacia afuera, y si algo nos falta, no podremos compartirlo con otros de forma genuina.

Y una cosa es que no sepamos cómo, otra completamente diferente es el tropezar a otras personas, el bajarles los ánimos y el hacerles creer que valen menos. Eso ya son palabras mayores, porque ahí estás plantando una semilla destructiva. Digo, mucho ayuda el que no estorba. Si de por sí estoy dudando de mí mismo, no necesito tu apoyo para caer en dilemas más profundos o que me ayudes a cuestionar mis capacidades aún más, gracias. Para hacer tonterías puedo yo solo. Pero, ¿qué dice de ti cuando solo tienes veneno para repartir? Fácil: dice que solo esa negatividad tienes en tu interior, y eso es algo muy triste.

Admito que he cometido errores y que he quemado puentes en mi vida. No se trata de ser perfecto ni de fingir serlo, sino de ver esos tropiezos para poder aprender de ellos y evitarlos. Quisiera ayudar al mundo y sí, muchas veces a mi mente llegan comentarios negativos, sarcásticos y odiosos que solo tienen como fin causar dolor y miseria, la diferencia es que cuando los detecto, me cuestiono si es algo productivo que va a traer algo bueno a esa persona o si solo es cruel; si hay un momento de duda, el comentario queda desechado, enterrado y olvidado.

Ya hay suficiente odio en el mundo. Ya tenemos demasiadas personas destructivas. De hoy en adelante me niego a formar parte de ese club, ¿se me unen?

Y ustedes hermanos, hermanas, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

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