Si hablas mal de esa artista, me voy a enojar…

Comparte... si te atreves...

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#MostroVacci

Una vez me dijeron que alguien me odió porque hice un comentario de Lucía Méndez. Al parecer, ese es tema prohibido si no se trata de halagos. Lo más chistoso es que el tipo le dijo a mi amigo que está consciente de que es una niñada enojarse por algo así porque la artista ni idea tiene de su existencia, pero que de igual manera me odió para siempre. No pues, échale ganas – pensé yo…

Se me hace curioso como las personas nos sentimos conectadas con los artistas. Como si nos debieran conocer por el hecho de ser famosos. Nosotros sabemos perfectamente quienes son ellos, sin embargo, ellos no tienen ni la más mínima idea de que nosotros existimos. Ni en el mapa nos hacen. Al final de cuentas no somos nosotros los que somos escudriñados en todo momento de nuestra vida, ni tenemos a gente siguiéndonos para tomarnos fotos en los momentos menos oportunos. No sufrimos lo que ellos viven a cambio de ser reconocidos en la calle.

Lo que pasa es que la gente se siente especial solo por ser ellos. Muchos de nosotros tenemos el concepto de que somos lo más interesante del mundo. No lo somos. Lamentablemente, a pesar de ser únicos a nuestra manera, eso no es suficiente para siempre estar en la mente de las personas. Seamos realistas. A mí me sucede con exalumnos que hace diez años les di una clase, se me acercan y me preguntan que si recuerdo su nombre, luego se molestan cuando les digo que no. He tenido miles de alumnos, ¿qué he hace creer que me voy a acordar de ti, acaso fuiste tan memorable? Es posible que recuerde las caras, pero los nombres se me escapan.

Entonces, las personas muchas veces creemos que los artistas deben recordarnos por el simple hecho de que por nosotros nos hacemos ricos y famosos. Cierto, pero ellos no tienen la oportunidad de conocernos a todos, y como siempre se la pasan rodeados de gente nueva, es imposible creer que te van a recordar, o peor. que van a saber de tu existencia si nunca se han topado contigo.

Entonces, cuando otra persona decide comentar que fulano o mengana no le agrada, tienden a reaccionar de forma agresiva e inmadura y deciden hacer berrinche porque ¿cómo te atreves? El hombre que me odió por Lucía tenía 47 años, no era un chiquillo. Se me hizo chistoso la forma en que reaccionó, hasta se la pasó hablando mal de mí durante el tiempo que nuestros círculos de amigos coincidían. Como si ameritara mi comentario a la más alta de las blasfemias ¡Calla, insolente!

Es como cuando me han dicho que Lady Gaga es fea y que canta horrible. En lo personal se me hace una persona de una belleza rara, pero me encanta, y también adoro su voz, pero no por eso voy a hacer una rabieta porque a alguien no le gusta. Mi respuesta siempre es la misma: pues a mí me gusta. Y la gente se extraña que no la defienda a capa y espada, ni que conociera a la mujer. No porque sea fan de ella me voy a agarrar a trompones para defender su honor. Se me hace chistosa la idea.

También la gente que se escandaliza porque no soy fan de ciertos grupos o cantantes. No, no soy fan de los Beatles. Les tengo mucho respeto, sí, porque son maravillosos, pero no me considero fan ni en lo más mínimo. Sacrilegio, darling. Por ser amante de la música automáticamente tengo que amar a los Beatles y llorar como esas adolescentes lo hacían durante sus conciertos. No lo creo.

Otros me dicen que tengo que amar a Jenny Rivera por ser mexicano, o a Marisela por ser gay. Paso. Son los gustos de mucha gente, pero no los míos, ¿por qué necesitas convencerme de lo que me gusta y lo que debe gustarme? No siento que debo limitarme a cierta música por mi sexo o mi orientación sexual. No estoy dispuesto a decir que soy de cierta manera cuando no es así. Yo amo la música que amo y a quien no le guste, pues que no la oiga. Muy mi asunto.

A mi mejor amigo le ardía el alma que yo no conociera a las grandes actrices de las novelas mexicanas. No sé por qué esperaba eso de mí si siempre supo que las novelas nunca me han gustado. Y se ponía furioso cuando me mencionaba a tal o cual actriz y yo ni en cuenta. Decía que por ser mexicano debería conocer a su talento, quizá hay algo de cierto en eso, pero si las novelas no me llaman la atención, ¿por qué me voy a poner a verlas para conocer a sus actrices? Mejor busco un buen cine de mi país para culturizarme, mil veces más deseable para mí.

Incluso recuerdo que hace muchos años le platicaba a una amiga de Cher. Lo que amaba su música y me sorprendió mucho que ella no tuviera ni idea de quién es. Se me hacía raro que alguien internacionalmente famosa como ella no fuera conocida para mi amiga. Lo que tardé mucho en comprender es que a pesar de todo, Cher simplemente no es la música que mi amiga conoce. Ella tiene sus gustos y tiene todo el derecho de no saber quién es alguien que en su vida había escuchado mencionar. Afortunadamente yo en esos tiempos era un adolescente, pero pude aprender de esa experiencia que todos tenemos ideas y conocimientos muy diferentes. Tanto me llegó ese momento que más de veinte años después aún lo recuerdo.

Entonces, mi pregunta es: ¿por qué sentimos que esas personas nos pertenecen? No siempre tenemos que defender a capa y espada a los que nos agradan. Seguramente no todos sentimos lo mismo por tal o cual artista.

Creo honestamente que toda música es arte, el hecho que a mí no me guste no la hace menos arte. Yo no soy fan del reggaetón, sin embargo, hay mucha gente que sí, y todos podemos vivir en armonía. Simplemente no lo vas a escuchar en mi casa. Y no porque sea poca cosa, sino que respeto mis gustos y no tengo por qué dejar de escuchar lo que me gusta para que otros no me critiquen.

Es parte de esa gran variedad lo que hace que la vida sea fascinante. Nos da la oportunidad a todos de encontrar lo que nos da placer, y eso aplica a todas las cosas en la vida, entonces, ¿para qué perdemos el tiempo haciendo corajes defendiendo a nuestros favoritos y odiando a aquéllos que no saben apreciarlos? Mejor dediquemos nuestras energías en amar a los que nos aman, ¿no creen?

Y ustedes, hermanos, hermanas, ¿alguna vez han defendido a un artista apasionadamente? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

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