Mi eterna irreverencia.

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#MostroVacci


Soy irreverente, lo sé. Hay muchos adjetivos calificativos que describen a una persona como yo. Unos me llaman claridoso, otros me han descrito como castrante, recalcitrante, persona sin filtros, irreverente, descorazonado, directo y mi favorita: persona “de cuidado”. Tantas palabras que buscan darle nombre a una de mis características más grandes: mi forma de decir las cosas sin ponerles filtro, azúcar o consideración alguna por los sentimientos de los demás.

Se me hace chistoso como el mundo está preparado para hacerte preguntas dirigidas hacia respuestas específicas. He visto incontables ejemplos de gente que me pregunta algo y luego hace una cara de molestia o de dolor cuando les doy la respuesta. Incluso una vez me dijo alguien (mientras me reclamaba lo que le respondí) que mi obligación es decirle lo que él quiere oír y nada más. En esos casos no entiendo cómo funciona la dinámica porque nunca he sido bueno para leer las mentes ajenas. ¡Por amor a Jebús, con trabajos entiendo la mía!

Yo soy una persona honesta. No es algo que se debe presumir o con lo que trato de hacerme parecer mejor que otros. No. Es algo que simplemente es. No me gustan las falsedades, ni me gustan los rodeos. Las cosas son como son y así trato de ver el mundo porque éste no me endulza las cosas cuando me cacheta con la verdad. Es o no es. Punto. Si la gente lo toma como irreverencia o grosería, la verdad no es mi problema. Eso de ser políticamente correcto ha llegado a niveles de ridiculez. Personalmente, no considero que llamarle a las cosas por su nombre sea una falta de respeto.

Es como cuando a mis amigos negros, o sea, de la raza negra les llaman “morenitos”. No, no son morenitos, y preguntándoles, me han dicho varios que les es ofensivo que les digan “morenitos”, ¿acaso creé la gente que se escucha mejor? Será que como para mí la palabra negro no es usada como una ofensa, mi mente no la registra como algo grosero.

Como un chico con el que salí una vez me hizo un berrinche porque le dije “maricón”, que en mi mundo es una palabra que describe a alguien quejumbroso, no necesariamente a un homosexual. Pero el pancho que me hizo cuando le llamé así por estar a queja y queja porque no llegaba un camión y que hacía mucho sol y que le dolían los pies fue algo cómico. Para mí, las palabras ratero, pedófilo, falso, son ofensivas, no que me digan gordo, pelón o maricón.

No creo que me puedan lanzar una palabra que me ofenda en realidad, si me dicen algo que no soy, pues no lo soy, y si me dicen algo que sí soy, pues ¿hacia dónde me hago? Me da risa cuando mencionan alguno de mis supuestos defectos como si fueran piedras y veo la frustración en su cara cuando solo sonrío y les digo “OK”. No puedo evitar pensar “¡Wow, qué original, no es como que no lo he escuchado como diez mil veces antes!” Las armas que utiliza la gente a veces están tan romas que no cortan ni el mismo aire.

Lo que no sabe la gente es que cuando hablo, mis palabras ya están medidas. Ya pasaron por varios filtros y están fríamente calculadas. No digo lo primero que pasa por mi mente, porque a veces ésta puede ser negativa y venenosa. A veces pasan cosas feas por ellas y siempre trato de preguntarme si mis comentarios son productivos o si van a traer algo bueno a la vida de las personas. Si la respuesta es NO, entonces me callo mis comentarios. Si no son constructivas, entonces son innecesarias. Y así la gente se escandaliza, Me imagino si dijera las cosas sin filtros, el mundo ardería y la civilización entraría en caos, la gente estaría redando las tiendas robando todo lo que pueden y la tierra dejaría de girar…

Bueno, no es para tanto, pero si yo mismo no me siento importante en el mundo, nadie lo hará. Pero ya hablando en serio. No tengo interés en in creando controversias ni faltándole el respeto a la gente. No. No me meto con nadie ni molesto a nadie. Pero si me piden mi opinión es necesario estar preparado mentalmente para recibirla. No pierdan su tiempo ni el mío queriendo sacar una verdad editada de mis labios, porque nunca la van a obtener. La gente que me quiere es la que sabe apreciar realmente a un personaje como yo, que te dice la verdad a tu cara.

Siempre me han dicho que por lo mismo doy miedo, honestamente siempre he creído que la gente que me teme es porque tiene algo qué esconder. Cada quien sabe lo que hay en su corazón. Yo no tengo ni el tiempo ni el interés en ser juez de nadie. Vivo mi realidad a mi manera y que cada quien viva la suya. Eso sí, les diré el único consejo que doy: no me pidas mi opinión si no quieres escucharla.

Y para aquellas personas que me consideran irreverente: quizá están esperando un respeto que no se merecen. El respeto se gana, no es automático, y menos para esas personas que sienten que lo tienen asegurado por su edad, estatus social o puesto laboral. Que seas rico no te gana mi respeto y menos si eres un patán que hace menos a los demás porque no llegan a tu nivel.

Trato de poner algo positivo en el mundo, creo que la honestidad es algo positivo. No me interesa molestar a nadie, pero no se me hace justo que aparte de los demonios en mi mente, también tenga que lidiar con los estigmas de la sociedad, los prejuicios de la gente y aparte, con la sensibilidad de la gente. Yo me encargo de mi patio, que cada quién se encargue del suyo…

Recordemos que las historias siempre tienes dos versiones, yo solo puedo encontrarle sentido a la mía.


Y ustedes hermanos, hermanas, ¿qué opinan? Sean honestos y compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

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