Me sale lo bestia…

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#MostroVacci

Me sale lo bestia, no puedo evitarlo. Parece que el demonio que habita dentro de mi quiere salir a toda costa. Cada vez que ve la oportunidad de mostrar su horrible cabeza, aprovecha para ver qué hay afuera, al parecer, el mundo externo es más interesante que el externo.

El otro día me preguntaron cuál era mi mayor virtud y mi peor defecto, la respuesta era fácil: mi gran boca. Es lo que más me caracteriza. Los que me rodean me consideran una persona honesta y directa, capaz de decirle la verdad en su cara a cualquiera, sin importar si son mis alumnos o mis jefes. Siempre pueden contar con mi honestidad, la cual algunos describen como “refrescante” (claro, cuando no está dirigida hacia ellos). Pero como toda arma de doble filo, mi honestidad es lo que más me ha causado problemas. Es la que más gente ha alejado de mí y lo que me ha convertido en una persona de “cuidado”. La gente me describe como brutalmente honesto, que para ser franco, no me parece que sea algo bueno. Muchas veces he visto que la gente prefiere evitarme que escuchar lo que tengo que decir.

En ocasiones he visto que la gente pide mi opinión y luego se ofende cuando la escucha. Por eso cuando llegan a preguntarme algo doy el único consejo que sale de mis labios: no me preguntes algo que no quieras saber. Porque para mí no hay nada más frustrante que dar mi opinión (la cual me reservo al menos que me la pregunten) y que la gente haga su cara de dolida. O los que le parece peor, en mi intento de ser más prudente contesto “sin comentarios” y eso parece ser peor aún, porque dicen que los dejo con la duda, ¿quién los entiende?

El problema es cuando mis pensamientos salen sin que yo los ande buscando. Cuando mis ideas negativas amenazan con surgir a la luz sin haber sido invitados con la sola intención de causar dolor o molestia. Tengo esa enorme habilidad y la odio. Muchas veces veo cosas y los pensamientos feos levantan la cabeza. De repente tengo la necesidad de abrir la boca y hacer el comentario (que en mi cabeza suena muy inteligente), pero al momento de salir y que mis oídos lo captan, me doy cuenta, demasiado tarde, de que en realidad es una estupidez lo que acabo de decir, sobre todo porque no trajo nada positivo ni creativo a la conversación, sólo fue un comentario venenoso, lo cual no contribuye a nada bueno en el mundo.

Afortunadamente, a través de los años he aprendido a cuestionarme si vale la pena decirlo y si mis palabras van a contribuir de forma positiva en la persona o si solo son cosas odiosas e inútiles las que voy a decir, si cualquiera de las respuestas es no, entonces me reservo mis comentarios. Es la forma que filtro mis interacciones, y aún así, tengo la fama de decir las cosas sin filtros, si supieran que cuando digo las cosas ya las filtré varias veces, se sorprenderían. Si de mi boca salieran las cosas así como originalmente llegan creo que les daría un infarto, un aneurisma cerebral y un orgasmo al mismo tiempo.

Lo que me molesta es saber que esa persona odiosa y repugnante aún habita dentro de mí. Que cada que tiene la oportunidad quiere salir a esparcir su veneno y a causar dolor y controversias innecesarias. El problema es que siempre viene disfrazado de mi característica honestidad, por lo tanto tengo que siempre estar bien alerta para que no me vaya a confundir y que vaya a decir algo que pueda causar un verdadero daño. Ese comentario patán de la ropa que trae la gente, el de la persona que no me agrada cuando surge la ocasión, la contestación sarcástica cuando algo no me gusta. Todas esas opiniones molestas que pasan por mi cabeza de vez en cuando me hacen preguntarme por qué soy así. Entiendo que los hábitos son difíciles de romper, pero a veces me canso de estar filtrando mis palabras. Honestamente, a veces quisiera simplemente ser de esas personas naturalmente positivas y confiadas en el futuro. Está bien, muchas veces estar alerta te puede salvar la vida, pero a veces la ignorancia es una bendición. Me gustaría poder (de vez en cuando) soltar todo mi cinismo e incredulidad y poder vivir un momento de libertad e ignorancia pura. Pero solo de momento. Ya que recuerdo todo el conocimiento que perdería en ese caso se me pasan esos sentimientos.

Afortunadamente estoy al pendiente de mis filtros, que estén bien puestos y que se aseguren que lo que lanzo al mundo sea positivo, ya tenemos suficiente gente mala, suficiente sufrimiento, suficientes personas que son crueles y que se escudan con “soy muy directo”. Ya tenemos tantas cosas en el mundo negativas que no necesitan que yo use mi inteligencia para crear más negatividad. Prefiero tratar de mejorar el mundo, aunque a veces me cueste trabajo.

Tengo que recordarme constantemente que las opiniones son como las nalgas: todos las tenemos, pero no quiere decir que quieren ver las mías. Esa reflexión me ayuda a recordad que debo ser más prudente y que mis pensamientos solo son relevantes para mí. Que se vale tener opiniones y compartirlas, siempre y cuando sea de manera respetuosa, teniendo cuidado de no caer en la crueldad o en el sarcasmo.

Me he dado cuenta de que muchas situaciones sencillas se complican por una respuesta equivocada. UN simple sí o no a una pregunta puede evitar una pelea entre dos personas que un comentario lleno de sarcasmo puede desatar. Claro, la creatividad de mi respuesta mala onda será poética, pero ¿en realidad vale la pena? Como una vez que un chico me preguntó por qué ponía las bolsas en el asiento de enfrente de un carro y yo me iba atrás. Mi respuesta fue: porque me da mi gana. Eso lo hizo sentir fatal. Un simple, “no sé, estoy loquito” hubiera sido una respuesta menos agresiva y hasta con sentido del humor y el tema hubiera quedado olvidado. El hecho de que estábamos discutiendo no es excusa para que yo haya contestado así y haya agregado tensión a una situación pesada. Ahora lo comprendo, pero cuando uno mira hacia atrás, uno tiene vista 20/20. En el momento solo sale la bestia y no hay quién la contenga.

Así que seguiré filtrando mis palabras, hermanos, hermanas. Es de vital importancia que sepan que soy tan humano como cualquiera de ustedes y que con cada experiencia trato de aprovechar la oportunidad para aprender algo nuevo. Es mejor que viva constantemente con una lucha por mejorar cada día que rendirme y hundirme en los pozos de la desesperación. Al final de cuentas, aquí, en mis escritos es donde puedo expresar lo que quiero y compartirlo con ustedes, al fin y al cabo, ¿no somos todos seres humanos?

Y ustedes, hermanos, hermanas, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

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