Lo que haces está bien fácil…

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#MostroVacci

Cuando la gente se entera de lo que hago, se imagina que la única función de mi existencia es sentarme en una silla cómoda, con mi paciente acostado en mi diván a mis espaldas platicando su vida y preguntar: ¿Cómo te hace sentir eso? Incluso me han dicho que cualquier persona sin entrenamiento lo puede hacer, ya que no tiene gran ciencia estar sentado y hacer absolutamente nada, al cabo que los pacientes se curan solos.


Curiosamente, lo mismo me pasa con ser profesor. Los comentarios no varían mucho, generalmente dicen que para decirles a los chicos que copien la lección, traduzcan la página o simplemente se pongan a dar la clase por mí a través de exposiciones constantes no es tan difícil. Que siendo autoridad hace que la clase sea más sencilla porque ellos tienen que hacer lo que yo les pida y ya. Claro, esas personas en su vida se han parado en un salón de clases para dirigir un grupo. Sobre todo con adolescentes a nivel bachillerato. Todos sabemos que son los más dóciles y obedientes seres del planeta.

Todo es maravillosamente fácil cuando no eres tú el que lo está haciendo. La gente nunca mira el nivel de preparación que uno necesita para llevar a cabo una tarea determinada. Hasta las personas que hacen adornos necesitan aprender una técnica. Estoy seguro que si yo lo intentara, el resultado sería una obra de arte… para Marte. Todo oficio requiere ciertos conocimientos y práctica que uno que no realiza esas actividades no tiene ni idea de lo que se requiere.

Es muy fácil asumir que controlar un grupo de 50 alumnos es lo más común, que solo uno hace la voz fuerte y la cara de perro y los alumnos se asustan y te hacen caso: ¡Uuuuuuuuyyyy, el profe está enojado! ¡Jajaja! Ojalá fuera así de simple. En esa etapa de la vida, hagas lo que hagas los chicos te ven como su enemigo, y por lo mismo que eres una figura de autoridad, sienten la necesidad inherente de revelarse contra ti. Recordemos que somos la extensión de sus enemigos mortales: sus padres, por lo tanto, tienen que demostrarnos constantemente quién manda.

La gente ve que yo controlo a mis grupos y supone que es porque mis educandos son una bola de gatitos hermosos y tranquilos, ¡Si supieran que tienen unas uñas filosísimas! Y también tienen un montón de energías, se la pasan corriendo, jugando, gritando y rompiendo tus muebles. En el caso de mis chicos, se dedican a escudriñar mi ropa, mis ademanes, mi forma de hablar, de buscar defectos y errores que cometa para reírse y arremedarme cuando no estoy. Buscan errores en mi clase para corregirme y mostrar su superioridad intelectual o la oportunidad de revelarse frente a todos y comprobar que ellos llevan las riendas. No es porque sean malos, simplemente son adolescentes. Todos hemos pasado por eso.

De hecho, un prefecto me hizo el comentario de que cualquier menso controla a un grupo. En una ocasión que llegó a entregar las credenciales, que me salgo y lo dejo a merced de los leones. Al volver, quince minutos después, estaba reducido a lágrimas. Sólo faltaba que lo hubieran levantado y sacado del salón. Lo bueno que cualquier menso controla un grupo. Al parecer, soy un menso excepcional. Cuando llegué, en cuanto entré al aula, los alumnos se calmaron, porque saben que conmigo no juegan y la cara del prefecto cambió. Poco después me pidió disculpas por el comentario. Agarró un nuevo respeto por mi trabajo.

En una película escuché una vez que dice un tipo que al realizar tal acción fue como la incomodidad que sienten las mujeres al dar a luz, ¿INCOMODIDAD? Si los hombres tuviéramos que soportar los niveles de dolor que una mujer sufre, nos desintegraríamos. Ni siquiera me puedo imaginar sentir semejante dolor.

Lo mismo me pasa como psicólogo. La gente dice que no hago nada, que no necesitas gran cosa para tratar a la gente, al cabo que ni hablas, tu trabajo es escuchar. Yo trabajo con personas con tendencias suicidas, ¿ustedes creen que no necesito algo de conocimiento para manejar mis casos?

La gente no mira los estudios, la práctica que necesitas, las noches de desvelo ni los sacrificios que necesitas hacer para poder llegar al nivel necesario para llevar a cabo tu oficio. Cuando no lo estás viviendo, es sencillo. Cuando no eres tú el del corazón roto, es bien fácil decirles a otros que se olviden de aquél idiota. Cuando no es tu uña la que está enterrada, es bien fácil decir que se la saquen de un solo jalón, ¡auch!

Es importante tener bien presente la empatía, mis queridos. Ponerse en los zapatos de otras personas es una característica humana muy noble. Nos ayuda a imaginarnos a nosotros mismos en esa situación y poder ser más comprensivos a las necesidades de la gente. No se trata de ir por el mundo sintiendo lástima por todo, sino de poder conectarnos emocionalmente con otros. Eso es lo que nos hace más humanos.

No olvidemos que todos somos humanos y que cada uno de nosotros tiene sus habilidades y conocimientos y que de alguna manera contribuimos para que el mundo sea mejor. Desde el barrendero que mantiene limpias las calles, el estilista que embellece el mundo hasta el médico que te salva la vida. Tampoco olvidemos al profesor que te ayuda a obtener nuevos conocimientos. Recordemos que es la única profesión que crea otras profesiones.

Y ustedes, hermanos, hermanas, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

2 comentarios de “Lo que haces está bien fácil…”

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