Lo frágil que es la vida…

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#MostroVacci

Hace unos días tuve un recordatorio de lo frágil que es la vida. Un amigo se nos fue y pude ver lo mucho que lo amaban, tanto en su familia como en la comunidad. Era una persona excepcional, carismático como nadie y con la tendencia a reírse de toda situación y persona. Su sentido del humor era contagioso. Definitivamente alguien irremplazable. Dejó muchos recuerdos interesantes y muchas historias qué contar. En su funeral reímos y lloramos recordando cada cosa que decía y esa sonrisa traviesa que mostraba cada vez que te iba a hacer burla. Era un amor.

Estando parado en el panteón mientras me despedía, viendo todos los honores que le brindaron y las muestras de afecto y solidaridad hacia su familia, no pude evitar hacer la clásica reflexión sobre mi propia vida y mortalidad, como uno tiende a hacer cuando se enfrenta a esas situaciones extremas. Me hice la pregunta más interesante: si fuera yo el que hubiera fallecido, ¿tendría una despedida parecida? La respuesta no me sorprendió, sin embargo, sí me causó un poco de nostalgia.

La respuesta honesta es no. No porque sea mala persona ni mucho menos. Simplemente porque nadie sabe quién soy. Claro, tengo amigos y familia que me conoce, pero la mayoría de las personas con las que interactúo no tienen ni idea de quién soy. Es algo muy interesante. Por una parte quisiera ser famoso y que el mundo completo me amara, y por la otra, no quisiera que nadie supiera quién soy.

Creo que ya de por sí es bastante complicado conocerme. Las personas que me rodean me describen como malo, cruel, sarcástico, regañón y un sinfín de adjetivos calificativos que describen a una persona odiosa y repugnante. Afortunadamente la gente que lo dice en realidad no me conoce, y cada quien mira lo que quiere ver. Curiosamente, yo soy un reflejo de cómo me tratas, por lo tanto, si tienes la peor parte de mí es porque es lo que sacas de mí.

Hace unos días una señora que me conoce de toda la vida me dijo que soy muy tierno. Y yo: ¿tierno? Creo que es un descriptivo que muy raramente asocian conmigo. Cuando le comenté a mi madre, ella me dijo que soy tierno, sólo que soy muy selectivo a la hora de mostrar mis emociones. Cierto. Soy muy reservado, sobre todo cuando se trata de ser vulnerable. Mira lo que ha pasado cuando he confiado en alguien. Jajaja. Siempre termino haciendo artículos de esa persona que abusó de mi confianza.

De hecho, hace un tiempo un chico con le que platicaba por WhatsApp que conocí por mis escritos me dijo que tenía muchas ganas de conocerme pero que le daba miedo de que si terminábamos mal, que fuera a publicar algo sobre él. Primero me dio risa, porque normalmente escribo sobre las situaciones, no necesariamente sobre las personas. Igual no es costumbre mencionar nombres. Normalmente cuento lo que pasó, pero nadie sabe quién es. Después de reflexionar y sentirme bien Taylor Swift, me quedé un poco triste de que me vieran de esa forma, ahora resulta que les he dado una nueva forma de temerme: a mis poderosas palabras.

Entonces, al final del día, estoy consciente de que cada ser humano se lleva una parte diferente de mí. Que cada cabeza es un mundo. Eso me queda claro. Y como dice el comentario que tanto detesto “como psicólogo, debes saber que…” … las personas interpretamos de forma diferente las cosas. Yo sé lo que debo saber como psicólogo, gracias. Pero igual, a veces me pregunto qué se dirá de mí cuando mi cuerpo me traicione y deje este mundo.

¿Qué soy un desgraciado? Sí, definitivamente. Si no dejarme hacer menos por otras personas y decir lo que pienso, si ser directo y honesto me hace un desgraciado, lo soy.  Siempre he dicho que la gente que me tiene miedo es porque tiene algo que esconder. La gente honesta no teme nada.

Incluso es una de las razones del pseudónimo. Mostro. Es la burla para esas personas que me quisieron convencer de que soy monstruoso. Lo soy, pero a mi manera. Tomo responsabilidad de quien soy y las riendas de mi propia vida y decisiones. Es lo que traté de enseñarle a mis chicos en esos doce años de profesor. Si algo quise que aprendieran fue a ser quienes son sin miedo a lo que digan los demás.

Entonces, ¿qué legado le dejo al mundo cuando me vaya? Quisiera pensar que las semillas de amor y tolerancia que trato de plantar dejen un vasto bosque de aceptación propia y de los demás. Sueño con un mundo de gente unida, con comunidades que se dediquen a apoyarse para juntos avanzar y poder llegar a cumplir metas juntos. Vivo con la constante fantasía de ver a mis hermanos listos para enfrentar al mundo. Vivo con la esperanza y la lucha constante por dejar un mundo mejor del que me recibió. Una persona a la vez.

Y sí, muchos me conocen como Mostro solamente. Mi nombre no importa. No es importante si en mi funeral dicen que fui una persona maravillosa. El haber tocado vidas con mi trabajo de psicólogo, el haber ayudado a una persona contando mis historias, el haber ayudado a gente sin andar pregonando que lo hice, eh escuchar a esa persona que se siente sola, eso hace que mi misión en la vida se cumpla. Un corazón que tocan mis acciones hace que mi existencia tenga valor. No importa que no me lo reconozcan públicamente: mi corazón lo sabe.

Entonces, unamos nuestras voces, gritemos, cantemos, lloremos juntos, hagamos de éste mundo el lugar que queremos, al fin y al cabo el que nos recibió ya estaba bien jodido. No tenemos nada qué perder. Al menos así cuando nos vayamos habremos dejado nuestra marca de colores.

Soy Mostro… escúchame rugir…

¿Qué dicen, hermanos, hermanas, me ayudan a lograrlo? Compartan… si se atreven…

Con amor y fe.

MV.

Compartan… si se atreven.

Saludos afectuosos.

Mostro.

2 comentarios de “Lo frágil que es la vida…”

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