Jugando con barbies

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#MostroVacci

Desde que estaba chiquito me llamaban la atención las muñecas. Algunas se me hacían macabras, como las que abrían los ojos cuando las ponías verticales. Otras se me hacían fascinantes por los detalles y por su gran belleza y otras, porque como todo buen niño, me despertaban las ganas de arrancarles la cabeza y ulular como indio.

Recuerdo que cuando era chico me gustaba jugar con mi prima y sus muñequitos miniatura, jugábamos a la familia. Hasta que mi madre se dió cuenta gracias a que mi primo, en su patético intento de buscar aprobación ajena, le dijo a mi mamá, la cual me prohibió que volviera a tocar los monitos. No entendía a qué le tenía tanto miedo mi mamá, pero ella me explicó que los niños no deben jugar con muñecas porque esos son juegos de niñas. Toda mi infancia extrañé jugar a la mamá y al papá con mi prima, a la que no le supe explicar por qué ya no podía jugar con ella.

Curiosamente, también me gustaban los carritos, las herramientas y los juguetes considerados masculinos, así que nunca fui fácilmente catalogable en un estereotipo específico. Me encantaban los juegos rudos, subirme a los árboles y lanzarme al vacío, escalar los techos, las alturas y los encantados. Afortunadamente no todos somos estereotípicamente femeninos.

Hace un tiempo le pregunté a un padre primerizo si dejaría que su hijo vistiera de rosa, a lo cual me respondió que no porque no quería que su hijo se hiciera jotito. Resultado de imagen para boys playing with barbieCoincidentemente, es esa misma persona que un tiempo después me comentó que su hijo le preguntó qué es un gay y me dijo con bastante orgullo que le había explicado a su hijo que los gays son los niños que quieren ser niñas. (Y yo volteando los ojos)

Veo que los prejuicios y los estereotipos están a la orden del día. Ni modo. Creo que todos caemos en alguno en cualquier momento dado, pero ya como que tantos al mismo tiempo ya no juego, quimis. Esto de formar un impero gay es muy cansado. Hay que luchar contra la familia natural, la iglesia, los padres, los prejuicios, la edad media, Dios y la ley al mismo tiempo.

Afortunadamente, lo que soy y lo que hago, a pesar de ser una lucha constante contra las opiniones y la estupidez ajena no necesita explicaciones. Como ser humano soy un mundo completo de ideas, sentimientos y pensamientos. No me pueden categorizar, porque el momento que lo hacen rompo el molde y mi fabulosa esencia multicolor comienza a fluir hacia nuevos horizontes.

Claro, de chiquito me gustaba jugar con Barbie, ahora de grande prefiero jugar con Ken. Es más divertido y eso de querer ser mujer honestamente no se me da. Aunque debo decir que cualquier hombre que sale de su casa en peluca y tacones es mi héroe porque tiene un valor gigantesco que en mi vida entera no conoceré.

Así que no debería perder el tiempo la gente tratando de buscar la causa de mi homosexualidad. Simplemente es. Recuerdo que de chiquito no me dejaban lavar los trastes porque ese era trabajo de mujeres, aparentemente no querían que me hiciera jotito, ¿ven? Me hubieran dejado lavar los trastes.

Tengo muchas amigas que jugaban rudo y con carritos y se peleaban a golpes con los niños que son heterosexuales. Les he preguntado si han probado y normalmente su respuesta es que no les llama la atención experimentar y las que lo han hecho me dicen que no les gustó. Entonces no perdamos el tiempo en prejuicios. No traten de enseñarle a cantar a un puerco porque se ven estúpidos y molestan al puerco.

Sé que hay mucho debate por que las conductas asustan a las personas. En las redes sociales veo constantemente que los padres de familia dan su “punto de vista” sobre cómo criar a los hijos ajenos. Mi pregunta sería si no es más productivo ponerte a ver a tus propios retoños en vez de estar comentando en el Facebook cómo debo criar a los míos y lo que es socialmente aceptable. Digo, no hay problema que me aconsejes (siempre y cuando te lo pida, claro), pero no mientras tus hijos se mueren de hambre mientras hablas de la capacidad para ser padres.

Entonces, ser humano que me lees: déjame en paz. Deja que las personas vivan a gusto sin tus opiniones no deseadas, te prometo que haré lo mismo por ti. Porque resulta que tus patéticos consejos deben ser escuchados, aceptados y seguidos a sin cuestión alguna, pero cuando yo opino de tu vida y tus hijos es cuando salen las uñas y comentas que tu vida no es asunto mío. Congruencia.

En fin. Los juguetes que usaba de niño no me definen. El color de mi ropa no me define. Tus opiniones sobre mí, mi vida y con quién decido compartir mi cama no me definen. Sólo yo tengo ese poder. Sólo cada uno de nosotros posee esa habilidad y por más que traten de hacernos creer algo diferente, simplemente es la realidad.

Hermanos, vivamos y dejemos vivir. Si te gusta vestir como niño, adelante. Si vestir de mujer es lo tuyo, adelante. Resultado de imagen para brotherly hugNo caigamos en estereotipos tontos que degradan a otras personas, en especial a nuestros hermanos, y sobre todo, a nosotros mismos. Creo que suficiente no atacan desde afuera de nuestra comunidad como para atacarnos entre nosotros.

Creo profundamente que ya hemos sobrevivido por suficiente veneno como para estar tan listos para repartirlo entre nosotros. Necesitamos aceptarnos, protegernos y cuidarnos, al fin y al cabo somos hermanos.

Mantengamos los ojos abiertos, hermanos, hermanas, así como nuestros corazones y nuestras mentes. Hay tanta gente tan maravillosa con historias tan interesantes que nos faltaría vida para escucharlas todas. Créanme: yo las escucho a diario y no dejan de impresionarme.

Cuídense mucho, hermanos, hermanas, y recuerden dejar un poco de amor en éste mundo oscuro. Compartan… si se atreven.

Saludos afectuosos.

Mostro.

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