¿Hay otros como yo?

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#MostroVacci

No cabe duda de que conforme uno crece va aprendiendo cosas nuevas. Esa arrogancia que agarra uno con el paso de los días, la idea de que “ya vi todo” y que nada me impresiona es interesante porque luego pasa algo que me recuerda lo eternamente cambiante que es la mente humana y que constantemente nos topamos con la oportunidad de aprender algo nuevo. Ya depende de uno qué hace con ese conocimiento…

Resulta que hace unos días, estaba escuchando en YouTube unas historias sobre cómo el karma llega a darle su merecido a las personas. En uno de los segmentos menciona el narrador a su novio. No le puse mucha atención al detalle hasta unos minutos después porque al parecer tardó un rato en registrar mi cerebro el dato. Cuando al fin entendí lo que estaba diciendo, regresé un poco la grabación y escuché atentamente cómo mencionaba a su novio y mi corazón saltó de emoción unos momentos. Lo chistoso de todo esto es que la simple mención de una relación homosexual haya hecho que mi cuerpo reaccionara.

No tiene mucho sentido en mi mente, ya que, siendo homosexual, yo lo vivo diariamente. Tengo una pareja del mismo sexo, entonces, ¿por qué reacciono tan fuerte ante una relación parecida? Honestamente me llamó tanto la atención que me puse a analizar la situación (siempre hago eso cuando una idea nueva entra a mi cabeza o me encuentro en una situación nueva porque así es como puedo exprimir el conocimiento, la experiencia y la sabiduría de las cosas) y llegue a una conclusión inesperada: tengo programado de forma tan profunda la idea de que las relaciones alternativas son algo malo, prohibido, tabú.

Así como lo leen, mis queridos unicornios: Me di cuenta de que dentro de mí se encuentran enterradas aun esas ideas de auto-censura contra las cuales lucho todos los días de mi Mostrosa existencia. La idea de una orientación sexual diferente a lo que la gente, la religión y la mismísima sociedad “aprueba” aún me causa ruido, por más interno que sea. Aún existe esa pequeña vibración de odio hacia mí mismo por que soy homosexual, porque soy diferente, por lo que ustedes quieran y les plazca. Claro, he avanzado mucho en mi aventura de auto amor y auto aceptación, pero encontrarme con esos vestigios de mi antigua existencia.

La simple mención de un chico con novio causó esa descarga de emociones en mí. Me dejó sorprendido el que haya sucedido, yo que me consideraba tan progresista. Cuando veo parejas en la calle me les quedo viendo. Claro, no con odio, desprecio ni envidia. Me alegra mucho ver cómo viven abiertamente sin preocuparse de lo que dirán. Lo que me perturba es el hecho de tener la necesidad de verlos más tiempo de lo que lo haría con una pareja heterosexual. Eso me indica que a pesar de estar en tiempos más modernos, aún no estamos en el punto donde deberíamos, donde el amor es amor y no estamos viéndonos, incluso entre nosotros mismos como anomalías o excepciones a la regla. Eso, hermanos, hermanas, es realmente preocupante, especialmente viniendo de mí.

Definitivamente hay cosas que debo analizar y reacomodar. No me puedo permitir tener ni la más mínima semilla de duda dentro de mi corazón. No puedo permitirme ni a mi mismo creer que soy mala persona o menos que otros por mis preferencias sexuales. Y sí, las llamo preferencias porque son MIS preferencias. Eso de llamarlo de cierto modo para que otros no se sientan ofendidos se me hace una tontería. Yo soy quien soy y no debo editarme para complacer a nadie. Si me quiero llamar de formas despectivas es asunto mío y punto.

Es hora de amarnos, queridos. Es hora de soltar la idea de que nos van a aceptar en el mundo si a veces ni siquiera nosotros mismos nos aceptamos. Ni se hable de aceptar a otros. Estamos en un punto donde debemos escoger entre destruir el mundo y crear otro nuevo o simplemente mejorar lo que hay ahorita. Lamento decirles que muchas veces nosotros somos el problema y nuestro peor enemigo y me incluyo en esas filas. No estoy excento de ideas tontas, anticuadas y dañinas. Pero sí trato de eliminarlas cuando las encuentro en mi mente y constantemente excavo mi propia alma para ver si hay qué replantar cosas o para deshacerme de lo que hay podrido. Es un trabajo constante, pero las recompensas son iguales de abundantes.

El amar es fácil de decir. Es fácil de hacer también, pero para poder hacerlo es necesario confiar. Amarse a uno mismo es confiar en uno mismo, en sus instintos, en su cuerpo, en sus ideas. Es soltarse a recibir lo que vena y tener la seguridad de que uno va a poder con lo que sea. Es saber que uno mismo no va a causarse daño y es cerrar los ojos y caminar. Es experimentar sin temer a equivocarse. Todos comentemos errores, y eso de no hacer nada por temor a lo que la gente piensa por errar hace que nuestra alma no pueda respirar. Es como dice Bette Midler: “es el alma que teme morir que nunca aprendió a vivir”. Así de irónica es la vida a veces, especialmente cuando uno pone sus propias barreras y sobre todo, que las justifica con ideas arcaicas diseñadas para reprimir la misma liberad. Triste, muy triste…

Y lo primero que pensé es compartirlo con ustedes para ver si se ven en la misma posición. Si es así, únanse a mí en éste ejercicio y repitan conmigo:

Hoy, libero cualquier temor a ser yo mismo. Me deshago de toda duda. Soy buena persona. Merezco cosas buenas. Decido aprender y ser libre. Hoy decido soltar lo que no me sirve y aprender cosas nuevas. Soy valioso. Soy hermoso. Soy…

Ese ejercicio lo haré cada día, lo repetiré hasta que mi alma respire libremente y mi existencia fluya abiertamente. Me rehúso a dar un paso hacia atrás, ni siquiera para agarrar vuelo. Siempre hacia adelante, caminaré hasta que no pueda más, entonces me arrastraré y cuando mi cuerpo se rinda, sacaré la lengua con tal de ganar un poco más de ventaja.

Y ustedes hermanos, hermanas, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

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