El tiempo: mi gran y único amigo.

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#MostroVacci

¿Quién es esa persona que veo en el espejo? Es un hombre ya grande. Tiene una barba negra y moteada por una que otra cana. Tiene patas de gallo y una mirada un poco cansada, reflejo de tantas horas que le dedica al trabajo. Me sonríe cuando le sonrío y si le echo una mirada sospechosa me la regresa al instante. No me dice nada, solo me mira. 

Éste hombre se me hace conocido, sin embargo tengo la impresión de nunca haberlo visto antes, algo en sus ojos se me hace tan familiar que hasta miedo me da quedármele viendo fijamente por miedo a perderme en ellos.  No es un adonis, pero no es particularmente feo tampoco. No hace nada más que repetir mis movimientos, y parece divertirse de mi confusión.

No puedo ser yo porque me siento joven. Tengo todo mi cabello, mi piel tersa, mi cuerpo delgado y juvenil, no como el de éste hombre que está pasado de peso y que trae una calva muy pronunciada, de hecho, ya casi ni pelo tiene. No puedo ser yo porque el tiempo no ha pasado con tanta rapidez que me haga sorprenderme con mi propia imagen. No puede ser que los años me hayan alcanzado con tanta rapidez porque mi corazón es joven y mi mente fresca y creativa.

Sin embargo, algo en mi corazón me dice que sí. Que lo que veo en el espejo es una realidad. Algo que sucedió mientras dormía al parecer porque de ver un chico joven y bello al espejo, veo a un señor. Ahora comprendo por qué me dicen “Don” en las calles, ¡Auch!

Mi querido amigo tiempo: ¿Por qué me has jugado ésta broma tan pesada? ¿Por qué has cambiado de la noche a la mañana al chico del espejo por un señor de esos que antes miraba y me preguntaba cuánto tiempo quedaba para que se muriera? Ya eran viejos, ¿no? Ahora siento las miradas de los chiquillos y me pregunto si tendrán la duda de cuándo me llevará la muerte a mí.

Amigo, me has traicionado, ¿no me habías hecho la promesa de siempre estar conmigo y de protegerme de tu paso? Me has fallado y te reclamo abiertamente, porque dirían los psicólogos, “hay que ser asertivos” porque si no me reprimo, y luego aparte de viejo y feo, traumado.

¿No fuiste tú quien me dijo que sería inmortal, que mi nombre estaría en boca del mundo entero y que mi legado trascendería el tiempo y el espacio. Te creí, amigo, te creí y me dejaste abajo. Me prometiste pasar lento y que siempre serías constante a pesar de que yo te ignoré. Quizá fue mi justo castigo que pasaras sin darme cuenta por haber estado deseando que pasaras más rápido para poder hacer ésta o la otra cosa. Quería tener 18 para salir y emborracharme, rentar una película porno, votar y ser mayor de edad y tener mi IFE. Quería tener 21 para ser legal en Estados Unidos para ir a los antros y rodearme de la decadencia. Quería tener 24 para salir de la universidad y ser profesionista. Quería tener 28 para poder comprar mi casa y ser independiente. Ahora tengo 33 y me pregunto a dónde se fueron tantos años.

¿En realidad he vivido lo que quería hacer a mi edad? ¿Acaso mi vida ha sido tan significativa que hace que otras personas sientan envidia de  lo que he logrado? No lo creo. No siento que hay persona en el mundo que quisiera ser yo. No tengo nada extraordinario en mi repertorio. Ni siquiera creo que sea tan importante en el mundo como para que haya otro ser humano que me vea y quiera saltar dentro de mi piel. Mi vida en sus mejores momentos es un misterio.

Creo que si desaparezco el mundo se dará cuenta cuando necesiten algo de mí y no me puedan encontrar. Un diagnóstico, dinero, o simplemente sacarme una terapia gratis. Es una realidad que acepto, así somos las personas: buscamos lo que necesitamos y cuando no nos es útil la persona, nos olvidamos por completo de ellas. Si es cultural o por naturaleza honestamente me elude.

Tiempo: te amo por existir y por siempre recordarme que lo único en lo que puedo contar es en que pasas constantemente. Vas y te vienes como el viento y dejas tu marca, eres constante y predecible aunque seas mentiroso y oportunista.

Adoro que cargas contigo la promesa de la muerte como lo único seguro que sé que vas a cumplir. Todas las demás promesas se hicieron para romperse. Eres la única cosa que nos morimos por que llegue y que ya que pasas volteamos para rogarle que vuelva, siempre olvidando que en el presente nos rodeas completa y constantemente. Eres tan sutil que ni nos damos cuenta que siempre estás con nosotos hasta que es demasiado tarde.

Tiempo, ¿por qué no me previniste de niño que iba a sentir éstos dolores en mi cuerpo? Me lo hubieras comentado para estar preparado, sin embargo, me dejaste con la idea de que todo iba a estar perfectamente bien y que mi salud iba a ser perfecta. Otra mentira piadosa, quizá ¿Por qué no me advertiste del enorme cansancio que iba a sentir tan profundo en mis huesos que hasta me iba a costar trabajo respirar, no me dijiste en algún punto de mi vida que si me mataba estudiando no iba a sentirlo tanto? Mentira sobre mentira y sin embargo sigues pasando como si nada hubiera sucedido, tan fresco como tal.

Tiempo: te odio por mentiroso, por decirme que el mundo era bello y que las personas somos buenas, por hacerme creer que escribiendo tendría fama y fortuna, por hacerme creer en el amor y en que la vida tiene sentido, te detesto por hacerme creer que mi belleza interior era la que contaba y que con tu paso a gente lo vería y me amaría por lo que soy y no por lo que ellos quieren que sea. Te aborrezco por contarme historias de hadas prometiéndome que la vida real era parecida y que no debería temer a nada cuando todo lo que me rodea es un peligro. Te reclamo por mentirme al ofrecerme una estabilidad emocional y económica que nunca llegará. Te desprecio por el simple hecho de existir y pasar.

Tiempo: te amo por estar conmigo en el presente y disminuir mi soledad. Por ser mi único pilar estable, mi roca y mi confidente.

Tiempo, mi único y verdadero amigo…

Saludos afectuosos.

Mostro.

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