El ser buena persona no te hace tonto…

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#MostroVacci

Muchas veces aquellas personas que son buenas y que hacen obras caritativas se preguntan si en realidad vale la pena ayudar a otros, ya que muchas personas los toman como tontos por el simple hecho de que su corazón tiene el deseo de ayudar a otros seres humanos sin necesidad de buscar recompensas monetarias o algo parecido.

El problema es que hay mucha gente que considera a esas personas tontas y manipulables. Siempre una persona oportunista va a buscar la forma de obtener un beneficio, no hay vuelta de hoja en eso. La cosa es que en esas situaciones, la acción habla más de la persona que siente que es superior algo al obtener algo de otro ser humano a base de manipulaciones y mentiras. Siente que ganó el juego. Lo curioso es que el que dio su apoyo de corazón se lleva una gran satisfacción y alegría en su alma por darle apoyo a otro ser humano, mientras el que sacó ventaja se lleva una falsa ilusión de inteligencia superior.

He platicado con gente que se aprovecha de otros y de sus buenas intenciones, mi curiosidad me ha hecho acercarme y preguntarles directamente qué es lo que ganan con hacer eso, claro, de una forma respetuosa y sin juzgarlos. La respuesta que generalmente he obtenido es: porque puedo, porque se siente bien y porque se dejan. En todos los casos, la alegría con la que lo dicen es fascinante. Parece su misión en la vida sacarle provecho a otros seres humanos.

Estoy consciente que algunos lo hacen con tal de no trabajar. He conocido a personas que no están dispuestas a trabajar, pero se la pasan llorando y quejándose de que no tienen dinero y que necesitan pagar esta o aquella cosa (la cual es urgente, sea cual sea la cosa en cuestión). Las cuentas urgentes, las emergencias familiares y las enfermedades e inhabilidad de comprar medicamentos o comida son las más populares. La idea que venden algunas personas de “si no me das dinero, me moriré de hambre” es casi seguro que manipula las cuerdas de un corazón bondadoso, con tal de no vivir con la culpa de dejar a alguien morir de hambre por su culpa. Lo que no parecen entender muchos es que esas personas no son nuestra responsabilidad.

Pero un ser humano con un buen corazón siempre va a sentir el peso de la culpa, sobre todo cuando otro le hace ver que tiene que ayudarle o ser una mala persona. Es donde se hacen expertos en la manipulación de las emociones. Se acercan con una cara de tragedia y te cuentan su historia, te piden ayuda, si no funciona a la primera, enfatizan que solamente tú puedes ayudarlos, si las diferentes tácticas no funcionan (como en mi caso sucede), resulta que se enojan y te maldicen. En éste punto ya no puedo evitar reírme, sobre todo del cambio de humores que tuvieron. No me río en su cara, por supuesto, simplemente se me hace muy curiosa la situación.

Pero no nos confundamos, hermanos, hermanas: el querer ayudar a la gente no nos hace tontos: nos hace buenas personas, unos seres caritativos y hermosos, de esos que escasamente hay ya. Sobre todo porque los que hay tomado la iniciativa de apoyar a otros se han visto tomados por tontos por esos que en realidad no necesitan ayuda. Resulta que cuando dejan de ocuparte, sus conductas cambian a unas frías e indiferentes, incluso cínicas. Eso sí, cuando vuelven a requerir de tus “servicios”, ya no eres un idiota, eres su única salvación.

Y no estamos hablando de extraños en la calle, los clásicos que se te acercan cuando estás comiendo para pedirte una moneda. No. Estoy hablando de los familiares que te ven como un cajero automático. Resulta que los tienes que ayudar porque tú sí tienes con qué, como si no trabajara uno duro para ganar sus centavos, sobre todo para que otro que ni trabaja te pida dinero “prestado” para luego ni saludarte si te ven en la calle. Es ese “amigo” que te busca cuando necesita platicar, que le vale poco si tienes tiempo o si andas de humor para cargar con sus penas. Ni siquiera les importa cómo estás, porque ellos tienen problemas y es tu obligación escucharlos. Te dicen que vayas a su casa porque ellos no pueden salir y que tú, como no tienes compromisos, vida ni nada qué hacer, pues te es más fácil ir a donde ellos están para escuchar sus problemas. Ellos son gente ocupada y no tienen tiempo de ir a buscarte, así que ven tú. Y trae algo de comer, ¿no? Porque no hay nada en la casa.

¡Esos amigos apestan! Siempre logran hacerte sentirte estúpido. Pero ahí vas porque te sientes mal que tengan problemas, ¿pero dónde quedas tú? ¿es justo que después de que inunden tu Whatsapp con sus dramas te agreguen un “a propósito, ¿cómo estás”? Yo digo que no. Para mí es el peor tipo de cinismo. En la mayoría de los casos que veo eso, noto que ni me preguntan si tengo tiempo. He recibido esos mensajes a medianoche, durante mis horas de trabajo, no importa si tengo o no la disponibilidad de contestar. Pero eso sí, si les digo que ahorita no puedo, luego me dan un “Disculpa la molestia” lleno de sarcasmo y hasta me borran los mensajes. Increíble. Al parecer es mi obligación estar de guardia para cuando se le ofrezca a la gente.

Y no, en la mayoría de los casos, las personas que me piden ayuda o consejo no son así, estamos hablando de unas excepciones considerables. Yo ayudo a la gente cuando puedo, y cuando no, no me siento culpable, ya si me quieren hacer sentir mal por no poder, les doy indicaciones de cómo irse a la fregada. No tengo por qué asumir responsabilidades que no son mías. Yo soy responsable de mí y trato de ayudar a todos lo que puedo, pero no por eso me siento comprometido con nadie. Quien tiene mi lado bueno es porque se lo ha ganado y no a través de manipulaciones baratas.

Y en el caso de que mi ayuda sea mal agradecida o se haga mal uso de ella, como me ha pasado en varias ocasiones, no por eso sufren otras personas, simplemente quien obtuvo mi ayuda pierde ese beneficio y con ello, mi confianza. No hay mayor problema. Lo que se me hace chistoso es la cara de ofensa que hacen cuando la siguiente vez que se me acercan reciben un no final.

No dejemos de ayudarnos los unos a los otros, no perdamos las ganas de apoyar a otros porque unos nos toman a tontos por hacerlo. Al final del día esa forma de pensar habla mal de ellos, no de nosotros. El estar dispuesto a juzgar al mundo completo como manipulador y oportunista por una que otra mala experiencia tampoco es justo. Mejor hagamos las cosas con la mejor de las intenciones y esperemos el mejor resultado. Es muy importante recordad que definitivamente hay quienes ocupan nuestra ayuda y que la mayoría de las veces no veremos el resultado de nuestra labor, pero la felicidad que te dará poner tu granito de arena por mejorar el mundo será su propia recompensa.

Y ustedes, hermanos, hermanas, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

2 comentarios de “El ser buena persona no te hace tonto…”

  1. Sentirse realizado como ser humano es: poder ayudar con nobles acciones a las personas que lo necesiten sin esperar reflectores, recompensa ni reconocimiento de nadie.
    A eso se le llama satisfacción y realización plena.

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