El hombre que nunca conocí

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#MostroVacci

Hay un hombre que no tendré el placer de conocer. Es apuesto, trabajador, en general buena persona. Se dedica a lo suyo sin meterse con nadie, sin buscar problemas.

Es un hombre educado. Tiene una esposa que adora con toda su alma y un par de hijos que le dan brillo a sus ojos. Ellos son su vida. Ian es el varón y Nirebi es la niña. Son su motivo para levantarse en la mañana y salir al trabajo.

Trabaja duro para su familia. Su esposa es igual que él. Juntos han formado un pequeño mundo personal donde los factores que influyen en el resto del mundo son completamente irrelevantes. Tratan de enfocarse en la educación y felicidad de sus hijos. A su manera son felices. Claro que no siempre es perfecta la vida, sin embargo, es algo por lo que han luchado mucho y poco a poco están viendo los frutos de sus trabajos.

Éste hombre es un buen amigo. Es leal y defiende a capa y espada a las personas que ama. Siempre está disponible para escuchar a quien lo necesita y tiene una gran cantidad de abrazos para repartir. Es cálido, paciente y siempre sabe exactamente qué decir en el momento adecuado. No tiene la necesidad de levantar la voz porque él creé que una persona realmente poderosa e inteligente no tiene ninguna necesidad de hacer escándalo. Es reservado y amable.

Le gusta ayudar a las personas. Cuando ve que otro ser humano está pasando un momento difícil, se esmera en apoyarlo para que pueda avanzar. Le gusta sentir la satisfacción de ayudar a otras personas. No es un hombre rico, pero tiene mucho por qué vivir.

Vive rodeado de una sociedad que lo acepta y lo apoya. Por tener familia cae dentro de los estándares de lo que es aceptable. Trabaja, vive y ama libremente sin tapujos ni pretensiones. Tiene la esperanza de vivir para ver a sus hijos terminar una carrera, formar una familia y conocer a sus nietos. Es lo que éste hombre desea en la vida. Sencillo pero poderoso.

Uno de sus mejores recuerdos es el día que le propuso matrimonio a Jennifer. Muy tradicional la cosa. En una rodilla en medio de un gran parque de Tijuana sacó un anillo sencillo de compromiso y le pidió que se casara con él. Ella llorando le dijo que sí y su nueva vida juntos comenzó.

Ese hombre me agrada, es buena onda y carismático. Estoy seguro que a ustedes también les caería bien. Lamentablemente no lo conocí. Es un yo que en realidad nunca ha existido. Lo único que comparto de ese hombre es un nombre y una cara. Fuera de eso, ex un hombre inexistente. Por eso no lo conozco.

Cuando tenía mi fantasía buga, eso era lo que imaginaba, incluso el detalle del nombre de mis hijos lo tenía planeado. Definitivamente quise en un tiempo vivir dentro de una sociedad que me aceptara y me envolviera en su manto protector. Es un sueño que quedó en el olvido a la hora de aceptar mi inevitable homosexualidad. El proceso fue lento y doloroso, pero al final de cuentas ha valido la pena.

Aún así, con mi vida tranquila y completa, no puedo evitar en ciertos momentos preguntarme cómo sería toda mi vida si en realidad no fuera quien soy. Comprendo que es una forma tonta de torturarme, sin embargo, a veces lo hago y es cuando logro ver lo que nunca experimentaré en mi vida. Como el hecho de pedirle matrimonio a una persona de forma pública, el ver la cara de mis hijos o el poder ser aceptado por una sociedad que me odia por quien decido amar.

Son cosas que ya he logrado aceptar. Pero no puedo evitar pensar en las nuevas generaciones que viven lo mismo. Esa persecución constante por ser el jotito de la escuela puede ser algo horrible si no sabes defenderte. A mis 34 años ya estoy preparado para cualquier ataque, pero las juventudes son las que me preocupan. Quisiera poderlos proteger a todos de las otras personas, pero queda completamente fuera de mi poder.

El punto de éste artículo no es lamentarme sobre lo que no tengo, sino compartir con ustedes ideas que quizá ustedes experimenten en algún momento de su vida. Me pregunto si hay otro de mis hermanos que pasa por lo mismo y lanzo mis delirios al vacío con la esperanza de que le ayuden a alguien a comprender que, a pesar de ser tan diferentes, somos iguales. Somos hermanos y podemos entender el dolor de los otros porque a nuestra manera sufrimos de los mismos males. No importa qué tan fuertes decimos que somos y qué tan poco nos importa la opinión de los demás, llega un momento que la soledad y la desesperación nos puede agobiar. Es en ese momento donde más nos necesitamos.

Hermanos, hermanas, al final del día somos todos humanos. El enemigo no está entre nosotros, está allá afuera. Seamos unidos y solidarios y dejemos de discriminarnos entre nosotros por ser diferentes. Al diablo con nuestros prejuicios, recordemos que así de duros como somos para juzgar a los demás, somos juzgados también.

El hombre que no conozco, no lo conozco por una razón muy sencilla: no existe. Todo vestigio de él vive dentro de mí y su único deseo es que sea feliz. Es un hombre generoso que ayuda a los demás. Ese hombre soy yo en su versión más fabulosa. Nunca tendré hijos ni esposa. Sólo tendré la vida y mi legado.

En el recuerdo de las personas que he tocado su vida, trascenderé.

Y ustedes, ¿qué piensan hermanos, hermanas? Compartan… si se atreven.

Saludos afectuosos.

Mostro.

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