¿Cómo veo a los demás?

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#MostroVacci

La gente es fascinante. Creo que su complejidad hace un tema de estudio profundo e interminable que hace que mi existencia sea más entretenida. No porque me la pase analizando a la gente, sino que en realidad me encanta observar el comportamiento humano y la forma en que mueve el mundo. La conducta de la gente es muy variada, creo que es parte de la maravilla de ser individuos y encuentro muy interesante el investigar la causa de las cosas. Mente científica al final de cuentas…

Muchos se estarán preguntando a quién le importa cómo veo yo a la gente. Bueno, la respuesta es sencilla: a mí. Como ésta serie de artículos se trata de compartir mis ideas y comparar notas, se me hace importante comentar lo que pienso para que quizá ilumine un poco mi forma de pensar y de observar al mundo. Quizá al compartir mis delirios me pueda conectar de una forma más significativa con otros seres humanos.

Para empezar, una persona en mis ojos es un ser humano. Punto. No importa tu raza, color, sexo, orientación sexual, ni nada por el estilo. En el fondo, todos tenemos el mismo valor. No creo que un sexo es superior a otro ni que una raza valga menos. Intento con todas mis fuerzas de ver a todos con la misma lupa para poder comenzar a apreciar lo bueno que puede haber empezando por ahí, aunque a veces cuesta mucho más trabajo con algunas personas porque simplemente no nos ayudan.

Como ser humano, tengo ideas tontas y prejuicios, algunos implementados en mí por mi entorno y otros adoptados por mí a través de las experiencias mundanas que he vivido. Lucho contra las ideas negativas y retrógradas a diario, especialmente cuando llegan automáticamente a contaminar mi tranquilidad y mi lente para ver a otros como algo valioso. No soy perfecto, no espero serlo ni que otros lo sean, sino que trato cada momento de ser la mejor versión de mí mismo y me gustaría ver el intento de los demás de hacer lo mismo. Sé que suena un poco utópico, pero es la forma en la que trato de cambiar el mundo, una idea a la vez.

Creo personalmente que no hay nada más fascinante que una persona que se ha dejado caer en la oscuridad y que está siendo consumida por ella. Creo que ese estado de vulnerabilidad hace que salga la esencia real de la gente, ya que, como no tiene nada qué perder, lo único que queda es la soledad, que al final, siendo bien canalizada, puede ayudar a encontrarnos. Es cuando llegan a mis manos y cuando los puedo ayudar a encontrar a esa persona que creían perdida: la mejor versión de uno mismo. Ver salir a la gene de ese pozo tan profundo y encontrar un poco de luz y felicidad en su vida es una experiencia que no tiene comparación.

Comprendo lo pesado que es estar parado en el abismo y preguntarse uno mismo si debería saltar, si haría alguna diferencia el no estar aquí y si a alguien le importaría realmente si salto. Lo entiendo porque he estado parado en ese abismo haciéndome las mismas preguntas y rogando tener un poco de valor para saltar. Creo que eso me ha dado mucha fuerza como psicólogo porque la gente que viene a mi consultorio se siente comprendida y no juzgada. No hay nada mejor que compartir tu historia con otro ser humano y sentirse escuchado. Ni siquiera tienes qué comprender o estar de acuerdo, el simple hecho de excucha la historia de otro puede hacer mucha diferencia. No hay nada peor que sentirte invisible y que la gente no tenga interés en saber quién eres realmente. Creo que el hecho de que no me asusta explorar esos pensamientos oscuros con ellos les sorprende y termina gustándoles porque se dan cuenta que pueden lanzarme lo que sea y no me iré corriendo. Al contrario, más estiro la mano y les pido que vengan conmigo, que vayamos a caminar juntos y platicar.

Creo que el ser humano tiene mucho potencial. La capacidad de ser creativos la encuentro impresionante y la forma que cada quien expresa lo que trae en la cabeza es igualmente maravilloso: unos pintan, otros cantan, otros escriben. Cada quien tiene una forma diferente de plasmar su alma y que lo compartan conmigo se me hace hermoso. Claro, no todo lo comprendo, pero ese ya es trabajo mío, el mantener la mente abierta para el arte de otros.

Tampoco creo que la maldad sea como la planta Hollywood ni Disney. Dudo bastante que el villano sea un extranjero que se retuerce el bigote y que solo piensa en destruír el mundo ni que es una mujer solterona que le tiene envidia a todos por el simple hecho de estar envejeciendo. Creo que todos tenemos una historia diferente que colorea nuestra percepción del mundo y que hace que tomemos todo tipo de acciones y decisiones. He conocido a gente que hace cosas horribles como crear chismes que destruyen vidas o matrimonios por el solo afán de causar caos o de sentir que tienen un patético poder. Un ejemplo sencillo es una “amiga” de mi pareja que me comentó de un tipo que platicaba con mi chico en su trabajo y que ella pensaba que era su novio. Le dijo frente a mí, observando mi reacción, esperando ver la furia y los celos en mi cara. Ver la decepción en su rostro cuando le dije “ah, fulano, sí, ya me han platicado de él” fue lo más divertido. Sé que en otras parejas hubiera sido causa de peleas y arranques de celos, pero en nuestro caso, como no funciona de esa manera, no resultó como quería y ví a esta mujer un poco molesta. Hay otros que tienen un poco de poder en un trabajo y lo usan para manipular a la gente para su propio beneficio y hasta gente que mata y roba por diferentes razones. Definitivamente cada quien tiene motivaciones muy diferentes.

Entonces, ¿cómo veo a los demás seres humanos? Fácil. Como seres humanos llenos de ideas y sentimientos listos para compartir y explorar. Como criaturas fascinantes que quisiera poder conocer y entender más profundamente. Como una serie de experiencias que me pueden dar sabiduría y hacer que crezcan mis esquemas mentales. Como secretos guardados que causan dolor y resentimientos innecesarios. Un lienzo en blanco con la posibilidad de crear pinturas increíbles una vez que escoja los colores que más le gustan.

Claro que hay gente que me cae mal y que no disfruto de su compañía, pero igual mi mente trata de comprender el por qué son así o por qué reacciono de forma negativa a ellos. Generamente la falsedad, los chismes, la falta de empatía y la crueldad me alejan de la gente. Igual trato de ser empático, pero igual soy un ser humano más. Quizá algún día sepa con qué lupa me observan a mí, porque honestamente, a mis 38 años, aún no la comprendo.

Y ustedes hermanos, hermanas, ¿cómo ven a los demás? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

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